La gente que llegó con cuentagotas fue escuchando esta balada del siglo XV que cuenta un lance de la lucha de bandos entre Agramonteses y Beamonteses en la Navarra medieval.Desde aquella primera vez que la presentó en Santutxu la narradora la ha ataviado con nuevas aportaciones que a mi entender no es de buen parecer. Aquel mural de siete viñetas que ilustraba la historia-leyenda ha sido sustituido por el recurso técnico de una pantalla donde se reproduce. Pienso que es una salida de contexto que aporta frialdad al escenario y no responde a la configuración de lo que se estaba ejecutando.
Creo que ganaría en autenticidad la representación directa en el mural o pliego de cordel, como se llamaba entonces, donde se imprimían las obras populares, los romances y las coplas. Si la balada por su propia naturaleza es una composición de tono melancólico y ritmo monótono, la repetición de los dos últimos versos de la estrofa correspondiente a cada dibujo o estampa lastró la narración con la rémora que antiguamente detenía las naves. Error que no se subsanó en el resumen final que debió ser más ágil.
A mi entender, si el esfuerzo que ha hecho Begoña Gómez por renovar este trabajo lo hubiera encauzado en una recreación de época donde los contadores lanzan sus trapazas y zumbas y fábulas y leyendas a los transeúntes de plazas y mercados, estaría hablando de otro resultado. Tal vez la sesión no daría para una hora, pero ganaría en fluidez y soltura.
Félix Martínez Aristín

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